
Ay, las hemerotecas. Rajoy fue bastante eficaz destrozando a Zapatero al principio de su discurso en el Congreso: tiró de hemeroteca y puso lo que hace Zapatero frente a lo que dijo Zapatero. Al día siguiente, ayer, Rajoy pasó de ir al Congreso de los Diputados a escuchar qué decían los diputados del Grupo Mixto, del Grupo Socialista y el propio Presidente del Gobierno en sus réplicas. Tenía trabajo, dicen. No sabemos qué trabajo era, nadie lo ha contado, pero no es la mejor forma de desmontar el ¿mito? según el cual Rajoy es un vago redomado cuya actividad más frenética es la lectura del Marca. Lo cierto es que la segunda excusa ya no fue que tenía trabajo sino que sabía que Zapatero no iba a decir nada interesante: los portavoces minoritarios ni existían.
Ay, las hemerotecas. “
La gente tiene derecho a quejarse por la ausencia de los diputados, no hay excusas. Ayer se debía hablar de algo tan importante como el paro, y no le quepa duda de que haré todo lo que esté en mi mano para que esto no vuelva a ocurrir“, decía Mariano Rajoy cuando se le preguntaba en octubre de 2008 por el desierto parlamentario. “
La mayoría de los españoles están trabajando a esas horas. (…) El hecho de que no hubiera votaciones no justifica las ausencias“.
Más dura era Soraya Sáenz de Santamaría que
advirtió de que su grupo aplicará “sanciones disciplinarias” a los parlamentarios que no realicen su “trabajo”. “El que no quiera ir que renuncie a su escaño”, apostilló. La portavoz parlamentaria reconoció, en declaraciones a Antena 3 recogidas por Europa Press, que ayer sintió bochorno con la actitud de los diputados, al igual que todos los que “trabajan” y estaban allí, porque “la gente se toma su trabajo en serio” y porque “el conjunto de la ciudadanía” les paga y a ellos les tienen que “responder”.
Siempre que hay estos debates un enorme grupo de diputados toma las de Villadiego en cuanto aparecen los diputados de los grupos minoritarios que es, también, cuando desaparecen las cámaras: se van a trabajar, dicen, hacen más cosas, siguen el debate en su despacho, donde tienen un monitor. No cuela. Si el problema fuera que tienen cosas inaplazables que hacer, lo lógico sería que durante los discursos de Zapatero y Rajoy hubiera muchas ausencias, pues son por la mañana y a primera hora de la tarde. A las 21.30h estaría el Congreso abarrotado escuchando a Llamazares, pues a esas horas ya habrían solucionado lo urgente.
En eso, como en tantas cosas, nos toman por imbéciles. Interpretan su tarea política como una interpretación teatral: acuden a aplaudir y hacerse los entusiastas ante el discurso de su portavoz por plúmbeo que sea y en cuanto termine, se van a casa o al bar a echar un rato. También es una burda escenificación sus ocasionales enfados ante los vicios de su tropa. “
Haré todo lo que esté en mi mano para que esto no vuelva a ocurrir”, decía Rajoy, que el miércoles decía que Zapatero se tiene que ir porque no nos podemos fiar de él.