Entrevista con Josep Fontana: “El proceso de concentración convertirá a la población en nuevos siervos de la gleba, con una servidumbre por deudas” Reproducimos una entrevista, de Peru Erroteta para Crónica Popular, con uno de más prestigiosos historiadores españoles.
/ enCiezaDigital - Redacción
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Josep Fontana nació en Barcelona en 1931. Alumno de Jaume Vicens Vives, es uno de los historiadores más prestigiosos de España. Reconoce que han influido en su pensamiento intelectuales como Pierre Vilar, Gramsci y Walter Benjamin. Fue militante del Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC) y ha publicado, entre otras obras, `La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820´, `Historia: análisis del pasado y proyecto social´ y `Europa ante el espejo´.
A las 02:41 de la mañana del 7 de mayo de 1945, el Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las fuerzas armadas alemanas, el general Alfred Jodl, firmó el acta de rendición incondicional para todas las fuerzas alemanas ante los Aliados. La guerra, la llamada Segunda Guerra Mundial, había terminado y con ello daba comienzo un nuevo ciclo histórico que llega hasta nuestros días. 67 años que el historiador Josep Fontana recoge en su obra `Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945´. Una referencia imprescindible para saber de dónde venimos y dónde estamos.
En 1945 había un mundo completamente desquiciado. Se estaban pasando cuentas de la guerra y la población civil sufrió mucho como consecuencia de los desplazamientos y sobre todo por el hambre, que se prolongó hasta 1947. Sin embargo, también fue un momento de grandes esperanzas. Los comunistas estaban en los gobiernos de Francia, Italia, Bélgica, Finlandia… y en los países del Este se crearon coaliciones de partidos que no duraron mucho, pero que parecían anunciar tiempos mejores.
Y entonces nosotros, los demócratas españoles, sufrimos nuestra primera gran frustración de la posguerra: el fascismo ha sido derrotado pero Franco seguía…
Cuando en Postdam plantea Stalin la cuestión del régimen de Franco, cuenta Truman en su diario que él no hubiera estado en contra de liquidarlo, pero fue Churchill quien se opuso, haciendo valer las relaciones que mantenía con el dictador; no unas relaciones comerciales sino, sobre todo, políticas. ¿Si habían prestado apoyo a Franco durante la guerra civil, cómo iban a cambiar ahora? Y la guerra fría le acaba salvando.
¿Y la tan traída y llevada guerra fría a qué respondía?
Se trataba de jugar con el miedo. De hecho una muy vieja estrategia: crear miedos que pueden ser aceptados de manera general por la sociedad es la forma en que se puede lograr cohesión social y llevar las cosas donde a uno le conviene. En este caso, el miedo al “rojo” en EEUU y otros lugares, que databa de 1917, fue atizado, haciendo valer que la Unión Soviética seguía ahí, no se había desintegrado como era su deseo. Así, mezclando el anticomunismo con la URRS, se creó el enemigo al que había que liquidar.
Así las cosas, con la muerte de Stalin, las crisis de los cohetes, Kennedy… de por medio, llegamos a 1968, un año que, en palabras de Fontana “acumula decepciones”.
Por un lado, está claro que la posibilidad de subvertir la sociedad capitalista desde su interior falla. La ilusión de los estudiantes de París, frente a la Policía y el Ejército, no consigue transmitirse más que a algunos sectores muy limitados, como los intelectuales. Y, por otro lado, Praga demuestra también que tampoco allí, en los países del Este, es posible cambiar las cosas. Y así las cosas, queda también muy claro que los soviéticos no son capaces de ganar la guerra fría. Es una tontería. A nadie se le habría ocurrido nunca y Occidente lo sabía, que la Unión Soviética pudiera haberse impuesto a EE.UU., que por su parte tampoco se plantearon nunca la idea de invadir Rusia. A este propósito, Regan, totalmente asombrado ante la idea de que EEUU se pudiera plantear la idea de atacar la URSS, se pregunta ¿Para qué íbamos a hacer semejante cosa?, ¿Qué tienen ellos que nos pudiera interesar? Cosa que viene a decir ¿Pero es que no estamos en el secreto del asunto? ¿No sabemos que esto de la guerra fría es una comedia que representamos unos y otros para mantener el orden social? Comedia que, claro está, también tiene como finalidad jorobar, agotar, arruinar al enemigo…
La Unión Soviética dejó entonces de preocupar a los poderosos de Occidente, que empiezan a intranquilizarse ante fenómenos como la organización de los consumidores.
Curiosamente, lo que empieza a preocupar a las clases dominantes de Occidente son los cambios sociales de nuevo cuño que aparecen en los países occidentales. Los hippies no iban a cambiar el mundo, pero estaban contribuyendo a transformar poco o mucho las cosas. El mundo empresarial norteamericano teme mucho los movimientos sociales orientados, por ejemplo, a la creación de organismos de defensa de los consumidores. Es decir, que haya gente que empiece a criticar el funcionamiento de la sociedad capitalista. Cosa que se refleja en el manifiesto de Powell que, en 1971, plantea vigilar la educación hacer propaganda y que, sobre todo, propugna imitar a los sindicatos metiéndose en política.
Entrados ya en el siglo XXI, el paisaje cambia: Muchos de los grandes problemas del mundo, como el hambre, las guerras, las injusticias sociales…, se agravan. El capitalismo se siente fuerte.
Tras un proceso de transformación interna, el sector empresarial dominante del capitalismo ha adquirido un poder político considerable, ha establecido sus reglas y con ello ha creado esta divergencia, que está produciendo una enorme acumulación de riqueza arriba de todo, como consecuencia de la injusticia fiscal y privilegios de todo tipo y a un empobrecimiento de los abajo, cuyos salarios reales han ido disminuyendo. Y hay que recordar que, como respuesta a la crisis del 29, desde 1945 hasta 1970, hubo un capitalismo relativamente civilizado y controlado, que todavía tenía miedo a la revolución y aceptaba un reparto más equitativo de la riqueza. Primero con Carter y luego con Reagan y Margaret Thatcher surge un capitalismo depredador y global, que es el que tenemos en nuestros días. Cosa que se ha reflejado claramente en estos caucus que acaba de celebrar el Partido Republicano donde, fieles a la tradición de la propaganda política americana que consiste en denigrar al contrario, los propios contrincantes del candidato Romney le han echado en cara que forma parte de una variante del capitalismo que se caracteriza precisamente por robar y arruinar descaradamente a las empresas y, en definitiva, dejar a la gente sin trabajo. Tendencia que, amparada en el mito de la austeridad, se orienta a adueñarse de todo.
En tal sentido, cabe preguntarse qué es hoy el capitalismo.
En los años treinta, cuando se produjo la gran depresión, mucha gente creyó que aquello era el final del capitalismo. Pero el capitalismo, como dijo Preobashensky y bien caro lo pagó, tenía capacidad de transformarse y sobrevivir, como así ha sido. Así, a corto plazo no cabe la posibilidad de liquidar el capitalismo, de plantear una alternativa, cosa que no quiere decir que a la larga sea esto deseable y posiblemente necesario. Pero ahora lo que se nos plantea es la posibilidad de recuperar un capitalismo controlado o rendirse a un capitalismo depredador que es el que existe en estos momentos. Y en esta dirección ocurren cosas curiosas. Por ejemplo, el suplemento económico de La Vanguardia del pasado domingo publicaba un reportaje de cómo está produciéndose un saqueo de la economía europea por los fondos de inversión americanos, favorecido por las políticas que están aplicándose en Europa. Algo que más bien parecía responder a una posición de extrema izquierda.
Y todo esto ocurre en un contexto de extrema alineación. Las ovejas, dice Fontana, acaban pidiendo protección al lobo.
Pero quien ignore que todo esto pueda ocurrir sin que se generen movimientos de protesta está olvidando un hecho fundamental y es que la generación de entre 20 y 30 años no tiene ningún futuro. Situación muy distinta de la de los estudiantes que salieron a las calles de París en 1968 que, en un contexto de riqueza, osaron pedir más. Y, claro, los poderosos y sus maquinarias de propaganda tratarán de presentar las protestas como cosa de anarquistas, marginales y perturbadores, promoviendo el miedo a peder lo poco que tenemos y la tranquilidad de nuestras vidas. Y si estos movimientos no logran sensibilizar a una mayoría social, la respuesta más previsible es que, paradójicamente, se incremente el voto a la extrema derecha populista como castigo a las políticas que creen les han perjudicado.
Y ante este panorama, la izquierda carece de respuestas adecuadas.
Aquí hay algo muy de fondo. El drama no se crea, se acentúa, con la broma de las “terceras vías”, de las cuales Clinton fue el primer teórico, al que se unen Blair y otros. Clinton fue el que desreguló la actuación bancaria, suprimiendo por ejemplo una ley de los años treinta que no permitía mezclar banca comercial con banca de inversión. Cosa que está en el origen de la oleada de especulación que nos ha llevado al desastre. Esta socialdemocracia se vendió autoproclamándose la “izquierda”, una izquierda con la que podréis tratar y negociar. Hay que reinventar, refundar, la socialdemocracia. Esto que existe y que se autodenomina socialdemocracia hay que echarlo a la basura porque no sirve para nada.
La crisis se agrava.
No nos debemos dejar engañar por la idea de que la crisis es algo temporal. Hay que tener en cuenta el fondo de la cuestión: todo ese proceso que empezó en los setenta y que continúa acumulando riqueza y poder político en unas pocas manos, al tiempo que recorta los salarios y los derechos sociales a los de abajo, achacándoles la culpa al gasto excesivo del Estado. Antes de la crisis de 2008, el gasto estaba bajando en relación con el PIB y a partir de entonces se dispara. Estamos ante una crisis de deuda privada y es el Estado el que la asume con el dinero de todos. A este paso, el proceso de concentración va a convertir al conjunto de la población en nuevos siervos de la gleba, con una servidumbre por deudas.
Y el denostado marxismo sigue, a pesar de los pesares, vivo.
Es una tontería pensar que el marxismo es un cuerpo de doctrina. Marx es una gran lección de pensamiento crítico. En mi cultura, está Marx, como está Diderot, Spinoza… Todo aquello que contribuye a crear una imagen crítica del mundo y, desde luego, a entender la realidad de hoy.
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