enCiezaDigital - Editorial - 14/4/2012 La República como ideal
Lisa London, nacida en Francia de padres españoles y unida a la izquierda francesa desde muy joven, acaba de morir a los 96 años. En 1936, ella y su marido, como tantos otros miles de jóvenes del mundo se alistaron en las Brigadas Internaciones y se vinieron a España a defender la libertad y la justicia. "Fue el mejor momento de mi vida", recordaba Lisa en una entrevista concedida el año pasado. "España era un ideal, nuestro más querido ideal y sigue siéndolo". Tras la derrota de la República vinieron otras luchas: el ingreso en la Resistencia para combatir la invasión nazi en Francia, por ejemplo. Pero en el ánimo de esos jóvenes quedó para siempre la idea de que fue aquí en España donde se jugó todo. Donde los conceptos de libertad y justicia podían hacerse realidad. Y donde había que estar para defender ese ideal.
En esa idea abunda Manuel Vicent en su magnífico artículo "República". Porque hay que imaginar que todavía quedan en algún lugar del planeta ríos azules y valles intactos, también hay que pensar que en nuestro ideario político quedan regiones impolutas donde volvemos con la imaginación para respirar su aire regenerador y didáctico. Y esa región, en nuestro ideario colectivo y utópico, es sin duda la Segunda República, cuya proclamación un 14 de abril de hace ahora ochenta y un años el Club Atalaya- Ateneo de Villa se dispone a celebrar una primavera más.
Pero no sólo de deseos y esperanzas se nutrió la república; también hubo logros, y muchos, a pesar de su brevedad. Y es que en su alumbramiento participaron no sólo las clases trabajadoras y populares sino también los sectores más dinámicos de la sociedad española, incluyendo a una de las generaciones de intelectuales más brillantes de la España moderna. El derecho al voto para las mujeres, la consolidación de un régimen verdaderamente democrático preocupado por la instrucción pública y la cultura, el inicio de reformas sociales de gran alcance y la separación de la Iglesia y el Estado son algunas de sus conquistas, que en la época constituyeron verdaderos hitos. Conquistas que como no podía ser de otro modo inspirarían, salvo en la forma del Estado, la nueva Constitución de 1978.
Cuando vemos hoy en día que los derechos de los trabajadores son pisoteados por reformas laborales obscenas, que el estado de bienestar se tambalea por la codicia de los poderes financieros y el oportunismo de la derecha neoliberal que aprovecha la crisis para acabar con las conquistas sociales, que la educación y la sanidad públicas están en peligro por los recortes, que algunos derechos de las mujeres están siendo cuestionados, que la Iglesia sigue invadiendo esferas públicas con la complicidad de la derecha más conservadora y ultramontana o que la institución monárquica presenta inicios evidentes de descomposición, no estaría de más que volviéramos la mirada hacia esas regiones donde todavía quedan ríos azules y valles intactos. A ese ideal colectivo de justicia y libertad que representó la Segunda República Española. Este 14 de abril quizá sea el mejor momento para hacerlo.